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Por Emilio Cano

Tu zona de confort

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Emilio Cano
Emilio Cano
Este fin de semana ha sido diferente, así que esta newsletter también lo es.

Mi mujer ha preparado un viaje sorpresa para este fin de semana consistente en una estancia de dos noches en un camping en Cazorla. La experiencia ha sido interesante, dado que nunca había estado en un sitio así y por tanto desconocía su funcionamiento y amplias infraestructuras. A mi mujer ⚜️ y a mis hijos ⚜️ ⚜️🧒🏻 les ha encantado; a mí, como era fácil prever, no me ha gustado.
Cuando vuelva a Murcia esta experiencia será tema de conversación con familiares, amigos y compañeros de trabajo. Será una charla divertida ya que, como sabes, tiendo con facilidad a la hipérbole. Seguramente en algún momento alguno de los contertulios aseverará con condescendencia: “Hay que salir de vez en cuando de la zona de confort”, y el resto asentirá con complacencia. Error.
Los seres vivos estamos diseñados para buscar esa zona de confort. Cualquier animal se pasa la vida buscando un territorio con comida y con un nivel de peligro más o menos asumible donde prosperar, reproducirse y que así su progenie perdure. Incluso la más absurda de las amebas tiene este fuerte instinto.
El ser humano no es una excepción, pero dado que somos seres teóricamente racionales, cada uno define su zona de confort a su medida. Incluso tardamos años en ser capaces de definirla o no somos conscientes de cuándo estamos o no estamos en ella.
Y esa es la clave: la definición. En estos tiempos es muy habitual que aconsejemos a amigos o familiares para que abandonen su zona de confort y emprendan tal o cual negocio, o se aventuren a trabajar para otra empresa, o cualquier otro tipo de cambio vital. Sin embargo es un concepto erróneo; la zona de confort es algo a lo que de forma natural tendemos. Algo que, en muchas ocasiones, nos cuesta toda una vida alcanzar. ¿Por qué demonios voy a querer abandonar este sitio feliz que me ha costado tanto alcanzar y para el cual, además, estoy genéticamente programado?
Pues porque quizá NO estoy en mi zona de confort, una palabra además penalizada por nuestra sociedad híper productivista. Cuando tienes a alguien cercano atormentado, porque quiere acometer un cambio vital y no se decide y tú le animas, no debes pedirle que abandone su zona de confort, porque no está nada confortable allí donde está. Debes pedirle que acuda a su zona de confort, ese sitio donde va a ser feliz, aunque eventualmente se encuentre con una serie de dificultades que entienda superables en el medio o incluso largo plazo. 
La clave por tanto consiste en darnos cuenta de si estamos o no en esa zona de confort y, si resulta que no, averiguar dónde demonios está, para tender a ella.
En marzo de este año cambié mis condiciones laborales en la empresa para la que trabajo, y pasé de 37 horas a 25 horas semanales, lo cual a efectos prácticos supone que el jueves trabajo en casa, dedicado a Emilcar FM y el resto de mis negocios online. Esto me supuso una reducción de sueldo del 20%, unida a la incertidumbre de si conseguiría recuperar ese dinero con mis otras actividades. Se trataba por tanto, teóricamente, de abandonar mi zona de confort. Pero pasadas pocas semanas me di cuenta de que AHORA me sentía confortable, ahora estaba en esa zona de confort y no antes.
Yo necesité el ánimo de algunos suscriptores de Weekly, con quienes hablé de esto en nuestros foros de Discord. Y, por supuesto, del apoyo de Rocío y del empujón final de ese gran amigo y mentor que es Víctor Correal. Y resulta curioso, porque supuestamente yo ya tenía las herramientas necesarias para percibir esta situación: el GTD.
La revisión anual del GTD, realizada desde la cima de todas mis perspectivas, sirve precisamente para eso, para darme cuenta de si estoy enfocando mi vida hacia donde realmente la quiero llevar. Mis revisiones siempre me dibujaban ese horizonte delante, pero necesité el empujón de mis amigos y el apoyo de mi familia para dar el paso decisivo y buscar mi verdadera zona de confort.
Quiero pedirte que cambies la forma en la que estamos usando este término. Quiero pedirte que busques tu zona de confort y animes a los tuyos a que lo hagan. De los sitios buenos no nos queremos marchar y, si sentimos el impulso de hacerlo, es que no estamos en un sitio bueno.
Y ya está.
Seguramente tu rutina es leer esta newsletter mientras desayunas el domingo, y la mía es desayunar leyendo las primeras reacciones de los lectores. En este caso no voy a poder porque aquí donde estoy carezco de cobertura móvil estable, pero estoy deseando volver a mi zona física de confort 😉 para leer tu opinión sobre todo esto. Hasta la semana que viene.
Sentado frente a nuestro Kampaoh escribiendo esta newsletter. Mi hija Isabel, quien ha hecho esta foto, dice: “Pareces súper atormentado”.
Sentado frente a nuestro Kampaoh escribiendo esta newsletter. Mi hija Isabel, quien ha hecho esta foto, dice: “Pareces súper atormentado”.
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Emilio Cano
Emilio Cano @emilcar

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